Lo que Pablo dijo de nuestros chistes de Whatsapp


El chiste que Éfeso aplaudía
y Pablo prohibió

Efesios 5:4 — Eutrapelía vs. Eucaristía

«Ni palabras deshonrosas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.»

Efesios 5:4, RVR1960

La palabra que incomoda

Hay palabras en las Escrituras que leemos sin detenernos. «Truhanerías» es una de ellas: suena a novela de caballería, a plaza medieval. Y sin embargo, está incrustada en una de las exhortaciones más severas del Nuevo Testamento sobre la santidad del habla cristiana.

«Fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros... ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.» — Efesios 5:3-4, RVR1960

C.S. Lewis advertía que el pecado rara vez llega vestido de monstruo; llega vestido de chiste, de comentario ingenioso, de la broma que todos celebran en la mesa. Es precisamente ahí donde Pablo clava esta palabra incómoda.

¿Qué es una «truhanería»?

La RAE define al truhán como aquel que «con bufonadas, gestos, cuentos o patrañas procura divertir y hacer reír». El truhán medieval era el bufón itinerante cuya subsistencia dependía de hacer reír sin más código moral que la conveniencia del momento.

El que divierte

Hace reír a cambio de una moneda, sin límites morales.

El que engaña

Vive de estafas y picardías, sin escrúpulos.

La fusión

El que divierte y el que engaña son, muchas veces, la misma persona.

Cómo lo traducen las versiones

Al comparar las versiones más usadas en el mundo evangélico hispanoamericano, encontramos distintas elecciones para Efesios 5:4. Cada una ilumina una faceta distinta de una palabra griega notablemente difícil de trasladar.

La palabra griega: εὐτραπεία

Pablo usa eutrapelía — literalmente «buen giro», de eu (bien) y trepein (girar). Aristóteles la clasificó como una virtud: el término medio entre la bufonería grosera y la incapacidad de disfrutar de una conversación amena. El hombre eutrápelos era el del ingenio elegante que cultivaba la amistad.

Pero entre Aristóteles y Pablo medió una degradación lingüística. Para el siglo I, la palabra ya evocaba al bufón sin escrúpulos, al charlatán cuya gracia se apoyaba en la doble intención, la insinuación sexual y el chiste que humilla al prójimo para arrancar una carcajada.

Éfeso: la ciudad que aplaudía el doble sentido

Éfeso era una de las ciudades más prósperas del Imperio romano, sede del templo de Artemisa. El humor grosero y el doble sentido sexual no eran una anomalía: eran el tejido conversacional normal de la vida pública, celebrado en el teatro, practicado en cada mesa de banquete.

Efesios 4:29

«Ninguna palabra corrompida (sapros = podrida) salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación.»

Efesios 5:5

El chiste grosero pertenece a la misma familia que la fornicación y la idolatría: brota de la misma raíz de un corazón no conquistado por la luz.

El chat de WhatsApp como campo de batalla

John MacArthur ha insistido en que la santificación bíblica no deja ningún territorio sin reclamar — ni siquiera el chat de WhatsApp, la broma en la sobremesa familiar. Pablo no pide cristianos sombríos sin sentido del humor, sino cristianos cuyo humor ha sido tomado cautivo por Cristo.

Miguel Núñez recuerda que el evangelio cambia la textura misma de cómo hablamos, porque «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). El problema nunca fue la risa; el problema es de qué se ríe el corazón, y a costa de quién.

La alternativa de Pablo: Eucaristía

Frente a la eutrapelía, Pablo no propone el silencio ni la solemnidad artificial, sino algo mucho más sorprendente: acción de gracias (eucaristía).

1

Corazón no regenerado

El ingenio verbal se traduce en chiste vulgar, doble sentido, burla que humilla.

2

Corazón regenerado

El mismo impulso se transforma en gratitud. La agilidad mental que Éfeso aplaudía en el bufón, Pablo la reclama para el altar de la alabanza.

«Antes bien, acciones de gracias»

El evangelio no deja intacta ni una sola sílaba de nuestro vocabulario. El hombre nuevo no solo cree diferente y ama diferente: también bromea diferente. Donde antes había un chiste construido sobre la vergüenza ajena, ahora puede haber una lengua que, incluso en su ingenio y su alegría, no cesa de dar gracias.

«Antes bien acciones de gracias.» — Efesios 5:4

Que esa sea la última palabra que quede resonando en nuestra boca al cerrar cada conversación.

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